viernes, 23 de marzo de 2018

"Mujeres descalzas", un poema de "EL bolso de Mary Poppins"

MUJERES DESCALZAS

Me asustaban las filas
de mujeres descalzas
con abrigos de paño
y una vela encendida entre las manos.


No entendía por qué,
pero cuando pasaban por delante
me encerraba la cara
en algún recoveco del cuerpo de mi madre.


Sentía que la boca
se llenaba de barro
y que las cucarachas abrían galerías
partiendo de las plantas de mis pies.


No era un temor infantil
que se acallase
con palabras amables
ni con chicles de fresas.


La semana pasada,
cuando llegó la hora de la cena en el geriátrico
y yo me despedía de un pariente lejano,
el pasillo se llenó de mujeres calzadas,
que no llevaban velas,
y formaban una hilera
de sueños desahuciados.


Y si hubiera tenido
a mi lado a mi madre,
me hubiera refugiado
al fondo de su abrigo.


Porque hay temores
que siempre van descalzos
delante de nosotros,
aunque pasen los años.

JULIA CONEJO


martes, 20 de marzo de 2018

Un poema de "Documentum" de Sara Herrera Peralta

LOS ABRAZOS

Se besan los jóvenes
en el metro y en las calles
y no recuerdo el momento preciso
en que aprendía a dar los besos.
Tenés la mirada más sincera
que he visto en mi vida,
me dijo una vez un camarero,
y yo siempre me pregunto
si de verdad es posible hablar
con las pestañas
o pedir que te quieran para siempre,
soñar que podemos cambiar
lo que ya vivimos.
Lo que yo siempre he querido
han sido las manos de mi madre
cuando estaba enferma y las acercaba
a la frente, me acariciaba el pelo,
me explicaba dónde tenía que ponerme
el termómetro o la crema.
Hacerse mayor no es ya tan divertido
ni es fácil echar tanto de menos.
He aprendido a besar
pero prefiero los abrazos,
prefiero sobre todo los abrazos alegres,
los tristes, los doloridos, los abrazos que
tienen miedo, los abrazos nostálgicos,
los abrazos con saudade, los abrazos que
dicen la verdad.

SARA HERRERA PERALTA


viernes, 9 de marzo de 2018

Un poema de "Lo seco" de Isabel Bono

CADA TARDE LA MISMA CANCIÓN

cuando los niños se iban a sus casas
yo me sentaba bajo el muro del rompeolas
con los brazos cruzados
esperando a que subiera la marea,
esperar era mi juego

las babosas negras brillaban para nada
los gritos de mi madre brillaban para nada

con la espalda apoyada en el muro
sentada tercamente sobre la arena negra
y sin apartar la vista del horizonte
yo esperaba detener la marea.

ISABEL BONO


martes, 6 de marzo de 2018

Un poema de "Chocar con algo" de Erika Martínez

HOMBRE ADENTRO

La tarde bosteza y se desmaquilla
sobre la superficie del pantano.
Justo antes de rendirse el cielo
arriesga un brillo de celofán
y el aire es una madre de puntillas
que se retira del dormitorio.

¿Por qué vuelven las cosas que se fueron
desordenándolo todo,
igual que una pelota de colores
salida de la nada?

Acabo de romper con una piedra
la pantalla narcótica del agua
y he recordado a aquel demente
que abrió de un golpe su televisión
tratando de sacar al hombrecito
que gritaba allí dentro.

ERIKA MARTÍNEZ



jueves, 1 de marzo de 2018

Un poema de "Todo el oro del día" de Eugénio de Andrade

TRES O CUATRO SÍLABAS

En este país
donde se muere de corazón incompleto
dejaré tan solo tres o cuatro sílabas
de cal viva junto al agua.

Es lo único que me queda
y el bosque inocente de tu pecho
mi desvariado y dulce y frágil
pájaro de las arenas borradas.

Qué extraño oficio el mío
buscar a ras de tierra
una hoja entre el polvo y el sueño
húmeda aún del primer sol.

EUGÉNIO DE ANDRADE


viernes, 23 de febrero de 2018

Un poema de "Cómo escribir una canción de amor" de Sholeh Wolpé

Mamá dice entierra
tus vergonzosas historias
en lo más hondo del hígado
llévatelas contigo
a la tumba.

Pero un hígado sobrecargado
explota en la oprimida
quietud de la tierra, envenena

los gusanos, el agua,
el terreno, la cosecha que persigue
al sol, que nutre a nuestros hijos.

SHOLEH WOLPÉ


martes, 20 de febrero de 2018

Un poema de "Todo lo zurdo" de Víctor M. Díez

Sacrifico mis intenciones mirando el ocaso.
El ritual ante otros ojos, me ayuda.
Ya no me doy cuenta, me retraso.
Desconozco los riesgos de cada acto.
Hundirme, quedarme absorto ante lo que aprendí
y ya había olvidado, es mi manera de avanzar.
El desorden de la inmediatez. Una sucesión
de equipajes a medio abrir como almanaque.
No hay quien ande por este sótano
de memoria, nunca me acuerdo de la bombilla.

VÍCTOR M. DÍEZ